Soy Delfita, y quiero compartirte un poco mi historia.

Desde que nací conté con la bendición de crecer con mi papá y mamá. Pero tenerlos a mi lado no me garantizaba que tendría la estabilidad de un hogar.

Pude observar cómo mi papá le era infiel a mi mamá, además de controlar su vida,  hasta el punto de decirle la manera en que tenía que vestir, las amistades que tenía que tener, y en muchas ocasiones le impedía que se relacionara con sus propios familiares.

Cuando crecí me juré que nunca eso me iba a pasar, que encontraría a un caballero que nunca me fallaría, y que iba a ser totalmente lo opuesto al modelo de padre autoritario que había vivido en mi infancia.

En mis primeros tres años de matrimonio adopté un papel totalmente inverso al que veía en mi mamá (ella muy pasiva), yo era controladora, nada de sumisa, se hacía lo que yo decía, administraba todo lo del hogar y no dejaba que mi esposo ejerciera su papel de cabeza de hogar porque yo tenía serios traumas de lo que significaba para mí ese rol de sacerdote de hogar por lo tanto no permitía la oportunidad que él fungiera ese rol.

Poco a poco mis miedos comenzaron a tomar formas de inseguridades y luego las inseguridades comenzaron a tomar formas de celos, empecé a no tener paz ni con mi esposo, ni conmigo misma.

Los celos me llevaron a ver cosas de manera muy exageradas, no permitía que mi esposo viera a mujeres en las calles, en los buses, en el centro comercial y llegué al punto que lo celaba hasta con las mujeres que salían en televisión.

Estaba claro que mis emociones controlaban mi vida, no había día que no viviera en pleitos y declarando con mi boca todos los días que él (mi esposo) me era infiel, reclamos que le hacía cada noche después del trabajo cuestionándole ¿de dónde venía?, ¿por qué tan tarde?, y cada vez que lo llamaba por teléfono me concentraba en estudiar el entorno del ambiente donde él se mantenía, y si escuchaba alguna voz de mujer no me importaba reservarme las ofensas y le decía muchísimas acusaciones que lo dejaban impotente, frustrado, ofendido, y con ganas de hacer lo que tanto yo le decía porque estaba al borde de la desesperación y del irrespeto.

Ciertamente en mi vida no había paz, mi confianza estaba puesta en un varón (mi esposo) que creía (en mi ignorancia) que tenía que ser perfecto, los muchos celos impedían que mi esposo se comunicara conmigo, pues cada vez que me decía algo de su trabajo, por ejemplo: cuando me comentaba de la contratación de una nueva compañera de trabajo, estaba atenta a cuántas veces me la mencionaba en las conversaciones que teníamos él y yo, era como que sus palabras yo las usaba en su contra.

Viví por mucho tiempo controlando sus  correos electrónicos, le revisaba todititos los mensajes de su celular, revisaba su billetera, sus camisas, en fin, los celos me trastornaron tanto que hasta me llegaba a molestar cuando no le encontraba evidencias de infidelidad, y en mí misma me decía: está disimulando muy bien, pero ya encontraré la forma de evidenciar su traición.

Yo me decía constantemente, “todo perdonaría de mi esposo menos una infidelidad”, hasta que finalmente me sucedió lo que tanto temía tal y como dice las escrituras en Job 3:25 “Porque el temor que me espantaba me ha venido Y me ha acontecido lo que yo temía.”

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Para salir de ese estado de shock, tuve que empezar por reconocer que yo no estaba exenta de culpa, mis palabras habían declarado la maldición para nuestra relación, la traición, la desconfianza y ruptura; reconocía que los celos atormentaban mi vida porque no tenía al Espíritu Santo en mi vida, sino que estaba actuando conforme a mi carne, sin Cristo en mi corazón, la palabra de Dios describe lo siguiente en 1ra de Corintios 3:3 “Porque todavía sois carnales, pues habiendo celos y contiendas entre vosotros , ¿No sois  carnales y andáis como hombres?”

Entendí, que los celos no me habían servido de nada, tanto control y pleitos me llevaron a perder mi matrimonio, recuerdo que pasamos tres meses viviendo en la misma casa pero en cuartos separados hasta que una vez él se fue de casa “Mi relación por causa de los celos se había muerto”… pero pasó algo extraordinario … esta muerte anunciaba que tenía que entrar a un proceso de cambio en el que tuve que morir a mi carne y empezar a confiar en Dios y no en el hombre.

Dios tuvo misericordia de mí, y me abrió el entendimiento, tuve que decidir buscar a Dios y no apartarme más de sus caminos, pues alejada de ÉL nada podía hacer; aprendí a entender que luchar en mis propias fuerzas me traía batallas perdidas, pero fue hasta cuando le entregué a Dios mi orgullo, mi altivés y los celos amargos, que pude sentir paz, misma que inundaba todo mi ser.

Empecé a descargar mi confianza en Cristo, a través de la oración con el corazón constrito y humillado;  decidí estar en completa calma y confiar en Dios, empezó muy dentro de mí a fluir cada fruto del Espiritu Santo, y no había en mi mente y mi corazón más lugar que para Dios y las promesas que él me daba si era obediente y perseverante.

Para finalizar, quiero contarte más de la palabra en Marcos 9:23 que dice así: “Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible” me aferré a esa palabra y deposité una de mi más gran debilidad “los celos” creí que Dios podría obrar el milagro y así fue, lo que sentía imposible en mis fuerzas, cambió a “sí puedo sacar los celos de mi vida, de mis pensamientos y corazón”, y Dios lo hizo, me fue posible y ahora vivo con gozo y la confianza en que Dios ha obrado el Milagro de ser libre de celos”.

Si lo hizo conmigo, lo puede hacer contigo, te invito a que hoy decidas cambiar el rumbo de tus emociones carnales por los frutos del Espíritu Santo, ora conmigo con el corazón dispuesto al cambio: Padre Celestial gracias por la oportunidad que me da hoy para pedirle que me ayude en que los celos no formen parte de mi vida, yo creo que tú me ayudarás y seré libre para confiar en ti y mi cónyuge, ayúdeme ser una esposa sabia y descargar mis debilidades en tu presencia para recibir tu fortaleza, gracias por amarme, liberarme y darme las herramientas para ser feliz con el regalo que has dado como es: la familia, en el nombre de Jesús Amén.

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El consejo más importante para tener un Matrimonio en armonía y vivir felices, es que Cristo Jesús sea el Centro de la familia. Con Él cada área podrá ir siendo restaurada, sólo debes invitarlo, creyendo en tú corazón y con humildad a que Él tome control de tú Matrimonio, realizando la siguiente oración: “Señor Jesús te necesito, me arrepiento de todos mis pecados, te acepto en este momento en mi corazón, te reconozco mi salvador personal y te pido inscribas mi nombre en el libro de la vida;  te pido que seas el Centro en mi corazón y mi familia, ordena mi Matrimonio, ayúdanos, sé que sólo contigo seremos verdaderamente felices, gracias Jesús, AMEN”.

Si te ha gustado comparte a través de tus redes sociales para que sea de bendición para otros matrimonios, y recuerda:

Dios, tú y tu cónyuge; porque cordón de 3 dobleces no se rompe fácilmente.

Dios bendiga tu relación de pareja, gracias por tu tiempo dedicado a leernos, esperando sea de edificación para tu vida.

¡Somos Matrimonios Victoriosos!

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