Quizás el término lo podrías relacionar muy cercanamente a una relación de pareja que sufre a los años pleitos y contiendas que van y vienen, uno inicia y otro termina, algo así como ataque y defensa, ¿te parece conocida esta práctica en tu matrimonio?

Bien, te seré sincera eso formaba parte de mi estilo de vida con mi amado esposo, nos acusábamos el uno al otro, hasta llegar a la frustración, cada vez nos entendíamos menos y peleábamos más.

Quiero decirte que esta forma de vivir crea mucho daño en la pareja, se va perdiendo el respeto, el amor y la tolerancia, estas acciones tienden a la pareja aislarse y distanciarse física, emocional y espiritualmente.

Me pasaba algo, muy dentro de mí decía: ¿con quién estoy casada? Lo desconozco por completo, él decía amarme y estar de acuerdo conmigo en TODO y ahora sólo obtengo de él menosprecio, silencio y sin la mínima intención de resolver nuestros asuntos.

Me di cuenta que lo que antes nos unía hoy nos distanciaba, lo que antes amaba de él ahora lo renegaba… era como que antes me gustaba que fuera tan reservado y callado (porque lo miraba interesante) pero ahora ocasionaba en mí mucho descontento porque quería un esposo que pasara hablando conmigo todo el día y la noche.

Aprendí a los años (seis exactamente) que ambos veníamos de familias totalmente distintas, y que las maneras de ver las cosas y enfrentar los problemas eran totalmente diferentes para él y para mí. Él las resolvía callando y dejarlo todo para después en cambio yo lo resolvía el mismo día aunque pasáramos horas y horas con los ojos llorosos cerca de la cama.

Así que empecé por pedirle a Dios sabiduría para entender a mi esposo (seguramente él pedía lo mismo) porque estábamos desgastándonos cada vez más el amor y respeto que teníamos en el principio de nuestra relación.

Dios empezó a trabajar conmigo y llenarme de la conciencia de que tenía que amar a mi esposo por encima de nuestros conflictos, empecé a caer en la realidad: que me había casado con un humano y no un robot al que programaba para que hiciera lo que yo quisiera y que no eres perfecto, que tarde o temprano iba a errar y ¡sorpresa! Entender que yo tampoco era infalible y que también cometía errores sólo que mi orgullo y creerme la perfecta no me dejaba ver que estaba cometiendo los mismos o peores errores.

Con la ayuda de Dios llegué a la conclusión que debía aceptar a mi esposo con sus diferencias, sus defectos e imperfecciones, empecé a centrar mi atención en lo bueno que había en él, así despejaba mi mente de una turbulencia y empecé con la ayuda de Dios a cambiar el estilo de Ping pong a un estilo de amar y perdonar.

1ra de Pedro 4:8 Haya sobretodo amor entre ustedes, porque el amor perdona muchos pecados. Entendí en este pasaje Bíblico que debo sanar mi corazón cada día y alcanzar la sabiduría de Dios para seguir siendo fiel a la promesa que en el altar prometimos de vivir juntos por siempre y no hasta que los pleitos nos separen.

La vida conyugal te enseña muchas imperfecciones, entre más pasa el tiempo tendemos a esperar más y lo mejor del cónyuge, ahora lo importante es entregar mi vida a Dios y pedirle a EL que me ayude a ser yo la que pueda dar lo mejor a mi cónyuge, porque para que pueda cosechar primero tengo que dar y dar constantemente y hacerlo como para Dios, al final segaremos si no desmayamos, así que cuando pelees contra tu cónyuge piensa que estás peleando contra tu matrimonio, no te hagas más daño, vence el mal con el bien.

Pídele a Dios cambiar la actitud y ver sus diferencias como una oportunidad para complementarse el uno al otro, estoy segura que muy adentro de esas diferencias están las mejores intenciones del uno para el otro.

Posteriormente escribiré acerca de las “Expectativas en el Matrimonio” donde te darás cuenta que son las causantes de las frustraciones en tu relación de pareja y cómo mejorarlas sin perder de vista que puedes seguir esperando lo mejor en tu matrimonio pero de una manera saludable.

El consejo más importante para tener un Matrimonio en armonía y vivir felices, es que Cristo Jesús sea el Centro de la familia. Con Él cada área podrá ir siendo restaurada, solo debes invitarlo, creyendo en tu corazón y con humildad a que el tome control de tu Matrimonio, realizando la siguiente oración: «Señor Jesús te necesito, me arrepiento de todos mis pecados, te acepto en este momento en mi corazón, te reconozco mi salvador personal y te pido inscribas mi nombre en el libro de la vida;  te pido que seas el Centro en mi corazón y mi familia, ordena mi Matrimonio, ayúdanos, sé que solo contigo seremos verdaderamente felices, gracias Jesús, AMEN».

Dios te bendiga.

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